INTRODUCCIÓN
ÁRIDOS Y
MEDIO AMBIENTE
RESTAURACIÓN DE
EXPLOTACIONES
PREMIOS DE
DESARROLLO
SOSTENIBLE
GESTIÓN
MEDIOAMBIENTAL
BUENA APARIENCIA
BUENAS PRÁCTICAS
CASOS PRÁCTICOS
GAP
RESTAURACIÓN DE EXPLOTACIONES

La restauración o reacondicionamiento de los terrenos explotados es la última fase del proceso productivo y responde a la integración de los aspectos medioambientales en el proceso minero desde su misma concepción.

La devolución del terreno a su entorno se realiza, según la legislación vigente, de acuerdo con unas directrices recogidas en el proyecto de restauración, aprobado por la Autoridad competente, para devolver el área a su entorno.

Por tal motivo, la restauración de los terrenos debe de estar planificada en las explotaciones de áridos desde el inicio de los trabajos y su ejecución se encuentra garantizada mediante los avales que toda empresa debe constituir ante la administración.

Sin embargo, las diferencias de los métodos de explotación que se aplican en las canteras y las graveras, se reflejan, normalmente, en la intensidad de las actuaciones realizadas.

En este aspecto, es preciso destacar que, en las canteras, por la naturaleza del yacimiento, el proceso de restauración es más complejo puesto que, en general, no es posible efectuarlo hasta las etapas finales de la vida útil de la explotación, a no ser que, en el diseño preliminar de las mismas, se haya previsto esta circunstancia.

Sin embargo, el método de explotación minera que se aplica en las graveras permite ejecutar, de forma casi simultánea, las labores de extracción con la restauración de las áreas ya explotadas.


El aspecto más destacado, en cuanto a las afecciones que produce la actividad extractiva a cielo abierto sobre el medio natural, está relacionado con la alteración o modificación del terreno en la fase de explotación, lo que supone la pérdida transitoria de la capa vegetal y, en menor medida, de la fauna.

Sin embrago, con una adecuada gestión y aplicación de las medidas correctoras existentes, este impacto estará debidamente controlado durante la operación de la explotación y será corregido durante la fase de restauración de los terrenos..


La restauración de las explotaciones mineras parte, necesariamente, de un plan que debe ser tramitado y aprobado por la autoridad competente.

La legislación minera aborda la protección ambiental a través de la ley 22/1973, de 21 de julio, de minas.

El plan de restauración consta de los contenidos y estructura definidos por la “circular 1/2001”: memoria, planos, estudio económico y presupuestos y otros datos.

Siempre que sea posible, la restauración debe realizarse integrándola en el proyecto de explotación como un elemento más de ese proceso.


La elección del tipo de restauración y uso final que se va a desarrollar en una explotación es una decisión compleja donde intervienen gran cantidad de variables.

Las posibilidades de restauración son muy variadas y más si se considera que, en una restauración pueden combinarse distintas alternativas entre sí siempre que, evidentemente sean compatibles.

Para el estudio de los distintos elementos que van a determinar la elección del tipo de restauración es necesario realizar un estudio preciso de la información disponible sobre todos los aspectos que puedan condicionar la restauración, incluyendo la cartografía existente.

Para conseguir con éxito la restauración final, hay ciertos aspectos que hay que considerar a la hora de realizar el proyecto de explotación, como por ejemplo la retirada y ubicación del suelo. Por ello, es importante una buena planificación y establecimiento de fases en los trabajos de restauración.

Previamente a realizar el proyecto de explotación, puede ser interesante acometer estudios de visibilidad de la futura explotación, desde las carreteras y núcleos urbanos próximos, para poder planificar las medidas correctoras oportunas como, por ejemplo, la implantación de pantallas vegetales en la banda perimetral.

También se aconseja consultar estudios de fauna de la zona para poder planificar medidas que faciliten su movilidad y eviten el riesgo de caídas, tanto en la fase de explotación como de restauración final, incluida la construcción de un vallado en el borde de la explotación. Este vallado deberá acompañarse del correspondiente sistema de control de accesos para evitar el depósito clandestino de residuos en el hueco de explotación.

Una buena gestión del suelo es, generalmente, el elemento más importante de toda restauración.

La capa de tierra vegetal y la capa mineral alterada deben necesarimente retirarse de forma apropiada.

Cada tipo de suelo debe acopiarse por separado para preservar sus características originales.


Tras la operación de extracción de áridos y antes del relleno del hueco, es preciso acondicionar el hueco para que la colocación de los materiales pueda realizarse de forma segura para el medio ambiente y para las personas, asegurando su estabilidad a lo largo del tiempo.


Es conveniente llevar a cabo un uso eficiente del agua, que consistirá en aumentar la capacidad de retención de agua en el suelo y de almacenamiento para el desarrollo de la vegetación.

Debe llevarse a cabo una restauración del área afectada por la actividad extractiva realizando una restitución de una topografía naturalizada que elimine en lo posible las formas excesivamente geométricas y las aristas vivas, se recomienda adoptar perfiles irregulares y redondeados.


Debe intentarse reproducir la forma natural de las estructuras geomorfológicas del entorno para alcanzar la máxima integración de la escombrera en el paisaje.


El acondicionamiento de las balsas y presas tiene por objeto que estas estructuras sean: estables a largo plazo, no tengan infiltraciones, proteger el acceso a la balsa, etc.


El plan de restauración debe considerar si los edificios e instalaciones construidas durante la vida útil de la planta pueden tener algún servicio en la zona restaurada.

Cuando se aprovechen las construcciones, habrá que proceder a su acondicionamiento para la función que se les asigne, por el contrario, si no se aprovechan, habrá que proceder a su demolición y desmantelamiento.


La reconstitución del suelo es una pieza esencial para toda restauración, ya que de esta operación dependerá, en gran medida, la fertilidad y el desarrollo de la vegetación que se quiere implantar.


Las zonas húmedas suponen uno de los ecosistemas más ricos en biodiversidad y a la vez uno de los más amenazados del planeta. No sólo suponen una significativa contribución a la diversidad biológica sino que también al patrimonio cultural, paisajístico y de vida silvestre.


Una vez reconstituido, el suelo no debe permanecer expuesto a la intemperie durante mucho tiempo, por lo que se recomienda sembrar o plantar en él con la mayor brevedad, obteniéndose varios beneficios.


Es necesario, durante la restauración, la señalización y la protección de zonas que presenten peligro de caída por talud o de caída de bloques desprendidos, para impedir el acceso a personas o animales que accedan inadvertidamente.

Es necesario crear unas condiciones favorables para el desarrollo y mantenimiento de la vegetación implantada, ya que, la vegetación espontánea supone una importante competencia para su supervivencia.

En las últimas fases de la restauración, en función de su uso previsto, puede ser necesario dotar de equipamientos al área.

Cuando el uso que se le haya dado a los terrenos sea como medio de conservación de la naturaleza éstos deberán evolucionar de forma natural de manera que las actividades de mantenimiento de la zona sean mínimas indispensables.

Las diferentes operaciones de restauración, que se desarrollan en periodos de tiempo normalmente dilatados, producen efectos sobre el medio ambiente que tienen que estar identificados para poder adoptar las medidas preventivas o correctoras que sea preciso.

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